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ATERRIZAR CON VIENTO EN PARAPENTE

Llegar al suelo en parapente con un viento tan fuerte que nos quedemos pinchados o incluso volando hacia atrás suele ser muy problemático, y especialmente crítico es el momento en el que tomamos contacto con el terreno, ya que nosotros estamos detenidos pero el parapente sigue queriendo volar, de una forma u otra, ya que conserva su forma aerodinámica. En cualquier caso hay que evitar por todos los medios caer al suelo de espaldas.

En la misma situación pero en delta podemos afirmar que el ala deja de volar en el momento en el que estamos detenidos en el terreno, únicamente debemos tener la precaución de no levantar el morro en exceso, a riesgo de ser impelidos hacia atrás a toda velocidad. Es más crítica la aproximación y el planeo final, el tránsito desde que el piloto toma contacto con el suelo hasta que se detiene el ala es más rápido y menos comprometido. Desde luego que tendremos un problema para desengancharnos, dar la vuelta y recoger, pero no corremos riesgo una vez hayamos detenido el ala correctamente.

No es así en parapente, en el que, aparte de la posibilidad de plegadas, el verdadero problema comienza en el preciso instante de descargar nuestro peso sobre el suelo. Los acontecimientos se desarrollan muy rápidamente y en menos de un segundo podemos estar arrastrándonos a gran velocidad, con las consecuencias que todos conocemos o podemos imaginar. Existen varias técnicas para colapsar la vela rápidamente aunque algunas necesitan una destreza poco habitual en los pilotos corrientes (aterrizaje en negativo o helicóptero, darse la vuelta antes de tocar el suelo…)

Yo he ensayado una forma que me ha resultado segura y eficaz y que propongo aquí; probablemente no sea original y otros pilotos la hayan deducido igualmente: ADVERTENCIA: se ha realizado con parapentes 1 y 1/2, en condiciones en las que había posibilidad de escapar a otro lugar con poco viento. No garantizo que sirva para otras personas o equipos. Si se prueba hacerlo en condiciones seguras: libres de obstáculos delante o detrás, terreno sin piedras…

 

¿Qué ocurre al llegar al suelo?

Para entender el sentido de la maniobra daremos una explicación de qué es lo que ocurre en estas situaciones al tomar contacto con el suelo.

En un aterrizaje estándar, con poco viento o nulo, acompañamos al parapente en el suelo corriendo y frenamos progresivamente hasta que cae a nuestras espaldas, lo que nos permite darnos la vuelta y colapsarlo de frente. En un aterrizaje en vertical debido al fuerte viento nos es imposible esta maniobra antes de vernos disparados hacia atrás. El enorme riesgo que esto comporta es debido a varios efectos que se superponen:

1. Descarga casi instantánea del peso: un piloto situado en el centro de la horquilla de pesos de su parapente, siendo esta horquilla normalmente de unos 20 kg, está a sólo 10 del mínimo. Haciendo un sencillo cálculo del reparto de presión sobre nuestros pies, nos damos cuenta de que apenas hayamos tocado con la punta de las botas ya se han descargado esos 10 kg, estando en el límite bajo de peso de nuestro parapente. En vuelo ya sabemos que el comportamiento del parapente puede ser crítico por debajo del peso mínimo, ya que deja de “volar” transformándose en otra cosa en cuanto cambia cualquier parámetro de vuelo (viento, turbulencia, incidencia…) La transferencia progresiva de nuestro peso sobre el suelo en unas tres décimas de segundo descarga instantáneamente la vela, estando ya decenas de kg por debajo de lo mínimo aconsejable. Dicho de otra forma, la carga alar desciende enorme y rápidamente.

2. Aumento rápido del ángulo de inclinación: la trayectoria-aire durante el descenso mira hacia el suelo. La componente horizontal es contrarrestada por el viento horizontal, quedando la vertical que es nuestra trayectoria real respecto del suelo.



Al tocar el suelo desaparece la componente vertical, con lo cual el ala levanta el borde de ataque buscando mantener su trayectoria-aire natural y se inclina hacia atrás tirando de nosotros. Sin viento caería como un pañuelo, pero al encontrar resistencia en nuestro peso recupera carga alar y se mantiene inflada; eso sí, no puede volar hacia arriba con lo cual todo se transforma en resistencia (y mucha). Anclados en el suelo, el ala pivota repentinamente haciendo que toda la fuerza aerodinámica (F) tire hacia atrás en menos de un segundo.

3. Desequilibrio del cuerpo: en este momento nuestra posición es totalmente inestable, inclinados hacia atrás, manos arriba en movimiento descontrolado, quizá apenas las puntas de los pies rozando el suelo…


4. Poca libertad de movimientos: especialmente con los pesados equipos modernos, que no están pensados precisamente para movimientos rápidos y ágiles en el suelo.

5. Nervios: no es un factor desdeñable cuando nos  aproximamos al suelo en esta situación sin saber qué hacer. El agarrotamiento debido al estrés puede ser el peor de los factores. A veces nos quedamos rígidos, agarrados a los frenos arrastrándonos indefinidamente si un obstáculo  no nos detiene antes.

¿Cómo colapsar la vela y evitar ser arrastrado?

La maniobra que se propone aquí consiste básicamente en exagerar el punto 1, de modo que la descarga del peso sea total y casi instantánea. ¿Cómo hacerlo?

Sabemos que el despegue ideal es un terreno cuya pendiente va en aumento o al menos es uniforme. Si, por el contrario disminuye la pendiente o hay un bache, el efecto es el mismo que correr hacia arriba, esto es, de repente el piloto se “acerca” a la vela mientras esta sigue su trayectoria normalmente. La descarga instantánea de peso suele provocar una plegadita que nos arruina el despegue o lo compromete mucho si no paramos a tiempo. Este fenómeno que involuntario no es deseable, podemos utilizarlo para nuestro fin.

Se trata de que el piloto haga un movimiento de acercamiento a la vela lo más rápido posible, en el momento de tomar contacto con el terreno, sin perder el equilibrio y con tiempo para darse la vuelta y colapsar el parapente. Como es lógico no podemos saltar en el aire ni esperar a estar en el suelo para hacerlo, recordemos que en cuanto tocamos salimos despedidos hacia atrás. Actuaremos así:

 

1. Cerca ya del suelo (uno o dos metros) y sin soltar los frenos, agarraremos TODAS las bandas lo más arriba posible. Atención: si la polea del freno está muy abajo, al subir las manos podemos frenar el parapente, algo no deseable. Lo más arriba posible es, por tanto, hasta donde podamos sin frenar la vela.

2. En esta posición nos colgaremos, flexionando los codos, como si hiciésemos una dominada. Hay que hacerlo cerca del suelo porque, salvo los muy cachas, no se puede mantener esa posición mucho tiempo, amén de controlar el parapente hasta el último segundo. De esta forma habremos “acortado” nuestra distancia a la vela unos 50 cm. También conseguimos así hacer más solidario nuestro movimiento con el del parapente, en vez de pendulear en la silla, y lo que es muy importante, tomar una postura erguida, mucho más equilibrada que de sentado.

3. Abriremos las piernas, no lateralmente, sino hacia delante y hacia atrás, flexionándolas además. Con esto conseguiremos mayor estabilidad en el eje longitudinal al tocar tierra, y “encoger” nuestra altura real unos 30 cm. Conviene que la pierna retrasada sea la misma que el lado hacia el que estamos más acostumbrados a darnos la vuelta; de esta forma lo haremos intuitivamente más rápido.

 

Si sumamos los 50 cm más los 30 cm de ambas cosas tenemos unos 80 cm de más que la vela deberá “descender” hacia el terreno antes de que contactemos con él. Esos 80 cm a una velocidad aproximada de -1m/s, nos darán un margen de casi un segundo (8 décimas de segundos) para darnos la vuelta y controlar.

 

    4. En esta posición (manos arriba, bandas agarradas y piernas flexionadas) tomaremos contacto con el suelo. Los efectos aerodinámicos serán idénticos para la vela, y tenderá a ocurrir todo exactamente igual que lo descrito en el punto 1. Pero en el preciso instante de tocar, simultáneamente nos estiraremos, soltaremos las bandas (no los frenos) y nos daremos la vuelta, todo lo más rápidamente posible.

                              1 y 2                       3                           4a                         4b

 

Lo que conseguimos así es descargar momentánea y totalmente nuestro peso de la vela, pero con tiempo suficiente para darnos la vuelta y estar de cara a ella, preparados ya en mejor situación para controlarla.

Las reacciones del parapente pueden ser diversas. Es muy posible que se pliegue radicalmente, aunque a veces entra en parachutaje y desciende lentamente como un pañuelo. Esto es difícil de controlar (al menos con pocos ensayos) y también dependerá del perfil, la brusquedad de la maniobra, el terreno (llano, descendente…) En cualquier caso la vela no tirará tanto como si estuviera inflada y será ya muy fácil de colapsar.

 

Otras consideraciones

Esta técnica no es únicamente aplicable cuando la intensidad del viento nos hace descender en vertical. El momento de tomar sigue siendo crítico cuando el viento es fuerte, aunque nos deje penetrar algo. Si volamos hacia atrás dependerá de a qué velocidad lo hagamos y de nuestra habilidad, pero desde luego la situación es cuando menos preocupante. No obstante y como esta técnica se basa en cuestiones aerodinámicas más que en técnicas, debería seguir funcionando siempre que seamos capaces de realizarlo rápidamente y sin perder el equilibrio.

Estas condiciones son más habituales de lo que parece: aterrizajes en el despegue. Obviamente si aterrizamos en un despegue es porque hay viento suficiente para remontar y hacerlo. En ocasiones (laderas suaves, térmicas suaves) no es necesaria ninguna técnica especial. Pero cuando tenemos que maniobrar ex-profeso para aterrizar arriba es porque normalmente hay demasiado viento, a lo que se suma muchas veces la compresión en la ladera o la aceleración del viento en la cumbre, tal es el caso de Arcones.

Si aterrizamos en la ladera misma (terreno inclinado) habremos de tener en cuenta que ésta sustentará, nos hará seguir volando, y nos dificultará la entrada a aterrizar. La técnica es la misma sólo que hay que tener cuidado para que la pierna retrasada no toque el terreno antes que la adelantada, sino simultáneamente.

Recomendaciones

Sería absurdo recomendar no meterse en estas situaciones porque son ellas las que nos atrapan. Pero si nos vemos en una de ellas hay que intentar reaccionar rápidamente. Ya que no podemos avanzar (es el supuesto de este artículo) quizá podamos dejarnos derivar hacia un aterrizaje mejor.

Practicar en el suelo:

a. La acción de darse la vuelta lo más rápidamente posible, en ambos sentidos, pero preferiblemente en el que tengamos un mayor dominio. Puede hacerse en terreno llano y con viento suave.

b. Observar lo que ocurre en el suelo al descargar el peso de golpe es muy sencillo: con la vela inflada ponerse en cuclillas y levantarse rápidamente. Podemos practicar la maniobra con las piernas abiertas de atrás hacia adelante, como se indicó arriba. Con viento suave la diferencia es que posiblemente la vela se nos caiga encima.

c. Intentar realizar la maniobra completa en la campa, un día una buena brisa que nos permita mantener el ala inflada sin caminar. Tirar de las bandas hacia abajo nos costará muchísimo menos, ya que nuestro peso descansa en el suelo y no tenemos que "colgarnos" de la vela.

 

Alfredo P.

 

 

 

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